Trátame como si fuera una rosa en tus manos,
acaricia sutilmente mis pétalos, con tal miedo,
de que el roce desnude mi tallo por completo.
Óyeme como si fuera un caracol deshabitado,
llévame a tus oídos para oír el rugir del mar,
pero si no lo haces atentamente, enmudecerá.
Cuídame como si fuera una mariposa en tus manos,
atrápame suavemente pues, con el brusco tacto,
mis alas podrían deshacerse en el mismo acto.
Ámame como si fuera un mortal desamparado,
propíname el agua y el pan para subsistir,
más quédate a mi lado pues, de frío, podría morir.






